Peruana seducida por la pinot noir

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Peruana seducida por la pinot noir

Cuando la familia empezó a crecer, la pareja decidió transformar su sueño en realidad (consideraron, además, que era ideal que sus hijos se criaran en un ambiente sano y seguro, en el campo). Vivían en Florida y empezaron a visitar regiones vitivinícolas, hasta que en la primavera del 2004 probaron su primer pinot noir en Oregon y quedaron fascinados. Volvieron para la vendimia, en octubre, y la experiencia selló su destino: se enamoraron de Willamette Valley y consideraron la posibilidad de vivir en un lugar tan idílico. Terminadas las vacaciones se asociaron a otra pareja y compraron un viñedo, donde empezó la aventura. Había nacido Atticus Wine.

La cepa y la lechuza

Para Ximena, la pinot noir es la culpable de todo. Es la variedad de uva que los sedujo y los llevó a Oregon a fundar Atticus Wine, un nombre que ya habían elegido antes de entrar en el negocio. Se inspiraron en Atticus Finch, el personaje principal de “To Kill a Mockingbird” (un clásico de la literatura estadounidense, que Harper Lee publicó en 1960), pero también en Ática, región cercana a Atenas, donde Atenea, la diosa de la sabiduría, ejercía su poder y cuyo símbolo es la lechuza, que aparece en las etiquetas de sus botellas.

En Atticus Wine Ximena es responsable de la producción del vino –sus socios, Niall y Freda Porter, se encargan del márketing y las ventas a Florida; su esposo Guy ve la parte financiera y el manejo del viñedo–. En el 2007 dejó su trabajo corporativo por 18 meses y se dedicó de lleno a Atticus; estudió enología e hizo pasantías durante la vendimia en otras bodegas. Su mentor es el reputado enólogo Scott Schull.

En el futuro piensa trabajar con otras variedades, pero su enfoque actual está en pinot noir. Hoy producen 8.500 botellas anuales y vaticinan que cuando lleguen a las 24.000 construirán su propia bodega. Eso, tal vez, en 6 u 8 años. Sus vinos también se venden por Internet a otros mercados de Estados Unidos, país donde quieren consolidarse para después exportar a Canadá y algunos mercados latinoamericanos como el Perú, por supuesto.

(Artículo publicado orginalmente en el diario El Comercio – Autor: Carlos de Piérola)

Le  preguntamos adicionalmente a Ximena sobre la calidad de la cosecha 2010 de su viñedo:

¿Qué tal ha sido la cosecha 2010? ¿Hay mucha variación entre cosecha y cosecha en Willamette Valley? ¿Qué riesgos afrontan?

«La cosecha del 2010 tuvo muchos retos. La primavera llego tarde, tuvimos un verano muy corto, frio y con lluvia y luego tuvimos muchos problemas con pájaros comiéndose la fruta.  El verano corto y la lluvia causaron un ambiente perfecto para que los viñedos tuvieran problemas de Botrytis pero en nuestro viñedo lo pudimos evitar.  Cortamos mucha fruta y sacamos muchas hojas para que las plantas tuvieran más ventilación y pudieran madurar a tiempo.  Tuvimos que luchar contra los pájaros poniendo cañones de aire e instrumentos electrónicos que emiten sonidos para espantarlos.  Al final, obtuvimos 1.9 toneladas por acre lo cual no esta nada mal y estamos muy contentos con el vino que tenemos en barrica.  La variación entre cosecha y cosecha puede ser grande.  En el 2006 y 2009 por ejemplo, tuvimos bastante calor y poca lluvia así que los vinos por lo general tienen niveles de alcohol más altos y la fruta es mucho más pronunciada en la nariz y en el paladar.  En el 2007 tuvimos mucho frio y lluvia así que los vinos tienen menos alcohol y son más elegantes.  Cada vendimia tiene su encanto y nos enseña cosas nuevas.  Nuestra meta es tratar de hacer el mejor vino posible año tras año.  Los riesgos típicos que afrontamos son temperaturas muy bajas en la primavera que causan heladas después de “bud break” – eso puede causar daño temprano en la temporada.  Luego, como este año 2010, lluvia y frío que evita la maduración de la uva y que causan Botrytis.

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