Tempranillo en el Perú – Iberoamérica en Cata Nº1

Tempranillo en el Perú – Iberoamérica en Cata Nº1

Lo que no tenemos es un cepa típica para vinos de calidad. Tenemos otras dos: la que (mal) llamamos Borgoña pero que no es otra que la cepa híbrida (labrusca x vinifera) conocida como Isabella en EEUU, Frutilla en el Río de la Plata y Fragolino en Italia. Responde al gusto tradicional del peruano por el vino dulzón y es parte de nuestra cultura. Sin embargo los vinos resultantes no resisten un análisis desde el punto de vista enófilo. Como producto tradicional vaya y pase. La otra, que llamamos Quebranta y que utilizamos como materia prima para el Pisco, el gran destilado de vino de mi país. Su origen se piensa que está en Las Canarias, pero no hay un estudio ampelográfico que sustente esa teoría.
Entre las variedades finas que se cultivan están, en tintas: Malbec, Tannat, Merlot, Cabernet Sauvignon y unas pocas hectáreas de Tempranillo ; en blancas Chardonnay, Chenin Blanc, Ugni Blanc, Sauvignon Blanc y Viognier. Un enólogo español, catedrático de la Universidad de La Rioja y especializado en vitivinicultura, estuvo en el Perú hace tres años y pensaba que variedades mediterráneas como la Monastrell podrían adaptarse mejor al clima de Ica, nuestra principal zona productora.
De entre Tacama, Tabernero, Queirolo, Ocucaje y Vista Alegre me decanté por un vino de esta última. Las razones: había probado un prometedor Tempranillo de esa bodega – su versión 2004 se había enfrentado en una cata a ciegas a Prado Enea 1996, Emilio Moro 2001, Propiedad H. Remondo 2000, Prima 2003 y Tempranillo Q de Zuccardi con bastante dignidad – y aprovecharía para visitar la bodega que no conocía y comprar la botella allí mismo, que por lo demás me costó 40 Nuevos Soles (9.5euros). El viaje hasta Ica desde Lima toma 3 horas y media por la Panamerica Sur, así que aproveché para ir con la familia por el fin de semana con un itinerario que comenzaría por la bodega mencionada.
Fundada hace 150 años por la familia Picasso, llega al siglo XXI con muchos proyectos, para lo cual contrataron a un nuevo encargado del campo y enología, el argentino Rodolfo Vasconi. Nos contaba que cuando llegó a la bodega le echó el ojo a un par de cuarteles en los que se cultivaba Tempranillo. Escogió uno de ellos al que dio un cuidado especial y decidió crear un vino más ambicioso.

El resultado es el Picasso Tempranillo Crianza 2005, una buena imitación de un sencillo Rioja Crianza. La primera nariz no es frutal ya que despunta el típico olor al roble americano donde por cierto el vino pasa doce meses. Es un vino delgado aún (aunque no tanto como el del 2004) pero ha ganado en expresión frutal, por el lado de las cerezas. El final es corto, algo especiado y con una punta de amargor de la madera. Correcto en su conjunto pero no lo suficiente como para lograr un producto equilibrado. Esperaremos que con el 2006 sigan mejorando. Mientras tanto, cuando abramos otra botella de este vino, lo acompañaremos con unos típicos chicharrones de cerdo.

(ver http://www.devinis.org/2007/06/iberoamrica-en-cata-1-el-resumen.html )

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